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Un hombre completo

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Creo haber conocido a varias personas en quienes, quizá sin que ellas lo sepan, he podido encontrar a hombres y mujeres completos. Ser un hombre completo no tiene que ver ni con el tamaño, estatura, estilo de vida ni profesión. He conocido hombres completos muy jóvenes, o que se sienten perdidos o inseguros por alguna característica física. Ser un hombre completo tampoco tiene que ver con logros, éxitos o nivel económico. He conocido hombres completos que tienen muy poco con qué vivir o que son profundamente inseguros de sí mismos. Por otro lado, he conocido hombres con mucho dinero, gran carrera profesional o con grandes logros escolares o sociales que no tienen dentro de sí ésa fortaleza, ése propósito y voluntad... hombres a quienes con un soplo dentro de sus almas, se esfuman, se venden, se traicionan. Un hombre completo no puede distinguirse ni por su físico, ni por su apariencia, ni por su carácter o ni por su forma de ser o de vestir. Simplemente lo notas. Lo percibes...

Scrolling, la nueva sala de espera

Parece que hoy en día la palabra “esperar” se ha vuelto sinónimo de “scrollear”. “Esperen un momento”, “scrolleen un momento”, “paseen por las aplicaciones de sus celulares por un momento mientras sucede lo que tenga que suceder más adelante”. Los silencios incómodos que tanto nos exigían hoy se han vuelto simples minutos en que cada uno toma su celular y fijan la mirada en su pantalla hasta que se le ocurre algo qué revisar o finge hacerlo. Estamos en una nueva etapa de la humanidad en que esos momentos de detenernos a pensar en lo que estamos viviendo, acabamos de vivir o estamos por vivir desaparecen. Los sustituimos siempre por algo más. Nos inyectamos en el cerebro nueva información que no queríamos y que no nos sirve de nada, pues no nos damos el tiempo para procesarla. No existen ya esas pausas en el día en que sólo estamos conectados o fortalecemos la conexión con nosotros mismos, en los que conocemos tanto de nosotros, en donde sólo compartimos el maravilloso momento,...

Frustración

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Frustración. Una palabra. Probablemente algo en ti se despierta al leerla, tal vez un recuerdo o la razón por la que la has sentido. No, no la ignores, no la suprimas. Siéntela. Es odiosa, te aplasta, te tienta y te tortura sembrando miedo en tu interior. Te susurra al oído que cometiste un error, que la culpa fue tuya, que la mejor etapa de tu vida ya pasó, que te quedarás solo, que no eres talentoso y que no podrás más que conformarte con una vida mediocre, común, lineal. Si le tenemos tanta aversión a una vida lineal... ¿porqué no nos permitimos libremente vivir los momentos en que la línea de nuestras vidas van hacia abajo sin sufrir, sino aprovechándolos e incluso... disfrutándolos? ¿Porqué queremos suprimir nuestra naturaleza irregular, contrastante y altibaja a cambio de una vida insensible, lineal y gris? Una vida lineal es una vida que, probablemente no tenga bajas pero tampoco tendrá altas. Creo que la vida se trata de recibir los momentos malos así como aco...

Berlín, visto con los ojos vendados

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Foto: The Cook Book Esta entrada fue escrita por una de las personas con los ojos menos vendados que conozco. Un gusto poder compartir sus palabras en mi blog. Para que, cualquiera que tenga ojos, sepa que puede ver. La vida con los ojos vendados.  El momento de soledad, no hay ninguna mano que te ayude, incluso tú mismo no tienes las ganas de hacerlo, plasmado y tendido en el mismo suelo en el que alguna vez pudiste correr. Todo comenzó en 1987 el día en el que decidí salir a explorar el mundo, conocer un poco de todo aquello de lo que me había perdido en la vida, conocer no es lo mismo que ver, que justamente era lo que venía haciendo desde años atrás. Los nervios recorrían mi piel, al momento de abordar simplemente veía la gente caminar como si no existiera alguna razón vivir, todo solía parecerme una triste y aburrida rutina, ver a la gente viajando sin ningún motivo en mente, yo en cambio, buscaba nuevos horizontes en mi vida, ¿mi destino? ¡Berlín! Sabía que me enf...

En algún punto...

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Un punto. En algún punto de este intercambio debo de estar. Pero ya no lo sé. No es el final... pero tampoco es el principio ni el intermedio... ¿Será que el tiempo no debería ser medido de manera lineal? ¿Será que este intercambio no empieza en un punto y termina en otro? ¿Será que, entonces, mi intercambio no termina cuando regrese ni empezó cuando me vine sino que, es parte de una misma cosa? Y, si es ese el caso, ¿Qué miedo tengo de que termine? Sí, soy una persona diferente a la que llegué y seré diferente cuando regrese (lo cual siempre me hace preguntar quién soy ahora), Pero al final mi intercambio no terminará cuando llegue a mi casa. No estará terminando, simplemente estará continuando, en mí... ¿Dónde estará todo esto que he visto, conocido y vivido? Talvez estarán en el mismo lugar en el que me encuentro en este momento: no sé. Pero existe. Y será parte de mí para siempre. Aveces pensamos que el tiempo es cruel, que nos arrebata cosas, personas o momentos... que nun...
Hace un año fui a visitar a Claudia durante su intercambio. Me acuerdo que siempre teníamos cosas que hacer... En la mañana íbamos a una exposición, en la tarde entrábamos a un evento organizado por la ciudad y en la noche había un espectáculo en alguna de las plazas... ¡será porque es verano! Me decía a mi misma... Pero Claudia me decía que así era siempre. Que siempre había algo que hacer... Yo me preguntaba... Bueno, y ¿en donde se entera de todo lo que sucede en esta ciudad? Seguramente hay una página con todos los eventos. Y las hay, pero te muestran sólo la cuarta parte de lo que está sucediendo cada día. La única manera de saber realmente lo que está pasando a nuestro alrededor es abriendo los ojos, levantando la mirada de la pantalla, afrontando una vista que probablemente preferiríamos evitar o brincarnos... Porque aveces es incómodo preguntar, o es cansado pensar... Pero es mil veces peor despertar demasiado tarde. Y no me refiero sólo a los eventos que están alrededor...

La Niña Alemana

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Aún tengo un destino... y voy a definirlo. Puedo decidir a dónde ir, a dónde lanzarme, ser quien quiera ser, abandonarlo todo y empezar de nuevo o terminar para siempre. Es mi sentencia. Me siento liberada. Armando Lucas Correa, La Niña Alemana Hace una semana terminé de leer el libro de La Niña Alemana, de Armando Lucas Correa. Me pareció fascinante. En 430 páginas, te transporta a dos épocas que se acercan y se alejan, apenas rozándose o casi anudándose entre sí. Dos épocas diferentes, dos niñas castigadas por el mal y la guerra del mundo, pero que no se permiten a sí mismas rendirse, o dejar de amar, o dejar de buscarse... Una en busca de su pasado y la otra en busca de su descendencia. La Niña Alemana me ha recordado cosas que no habitaron nunca en mi memoria, pero que han vuelto a ella de todas maneras. La historia me emociona. La redacción me transporta... Y el sueño de este joven autor se mezcla con el mío. É l alguna vez fue un apasionado de un tema, alguna ve...